Robert Capa eran dos personas, aunque la fama sólo pudo disfrutarla uno de los dos.

Gerda Pohorylle, alemana burguesa hija de judíos polacos, activista de movimientos obreros y socialistas, huyó de su patria hacia París con una amiga ante la ascensión nazi y después de sufrir la primera detención policial.
Su vida cambiaría por completo cuando allí, en septiembre de 1934, una noche en un café por casualidad, conoce a Endre Friedmann, un judío húngaro, alto, delgado, moreno y de intensos ojos negros, también exiliado y más pobre que las ratas que intentaba, sin demasiado éxito, vender sus trabajos como fotógrafo. Se enamoraron perdidamente y compartieron su hambre. Como a los periodistas se les concedía un permiso de trabajo y de residencia, y Gerda corría el peligro de ser extraditada a la Alemania de Hitler, se hace aprendiz de Endre y él le enseña todo lo que sabía de fotografía. Resultó ser una alumna aventajada que consiguió trabajo en Alliance Photo de Maria Eisner (co- creadora más tarde de la famosa Magnum Photos), pero su situación seguía siendo precaria y él no conseguía vender su trabajo.
Una noche a Gerda se le ocurre un plan para salir de la pobreza. Le propone a Bandi (que así le llamaba) que creen un personaje: el famoso fotógrafo americano Robert Capa, que está en Europa, y al ser tan famoso no trata en persona con nadie y sólo vede sus fotos (el triple de caras que las de un fotógrafo francés) a través de sus representantes en París, Friedmann y Pohorylle. Por pueril que parezca el truco funcionó y Endre y Gerda (o su alter ego, Gerta Taro) empezaron a vender sus fotografías bajo el nombre de Robert Capa. Empezaba la leyenda.
Cuando estalla la Guerra Civil Española (la primera guerra tras la invención de las cámaras ligeras de 35 mm que permitían un fotoperiodismo mucho más dinamico y cercano a la acción) ambos no se lo piensan y viajan primero a Barcelona armados con su Leica él y con su Rolleiflex ella, y luego al frente, documentando los sufrimientos de las personas en la guerra, centrando su mirada en lo cotidiano del horror. Usan la marca Capa, única para las fotos de ambos, aunque luego la cambiaron por “Capa & Taro” y más tarde aún salió la marca propia de Gerda: “Photo Taro”, a la sombra de su cada vez más famoso novio.

Más tarde su relación se volvió intermitente y abierta, ambos dedicados con pasión a su trabajo, y ella rechazó su propuesta de matrimonio mientras ambos tenían distintos líos y amoríos. Endre se hacía mundialmente famoso y ella empezaba a ser respetada por los veteranos gracias a su exitoso reportaje de la primera fase de la batalla de Brunete, publicada en “Regards” el 22 de julio de 1937.
Sin embargo ella no pudo llegar tan alto como deseaba en su profesión: murió cuatro días más tarde tras la ofensiva de Brunete, en 1937, en un desafortunado accidente. Tenía tan sólo 27 años.
Él, fiel a su lema “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente“, murió en 1954 al pisar una mina siguiendo una expedición del ejército francés en Vietnam para la revista Life.

El Museu Nacional d’Art de Catalunya inaugura hoy, en el año que se cumplen 70 años del fin de la Guerra Civil española, la exposición temporal ¡Esto es la guerra! Robert Capa en acción junto a una retrospectiva de Gerda Taro. Unas 200 fotografías que podrán verse hasta el 27 de septiembre.
Yo no pienso perdérmelas…
La admiración que siento por esta pareja surgió de esa a veces estúpida actitud adolescente de romantizar vidas, personas y profesiones a las que solo aspiras cuando te quedas solo en compañía de tu imaginación. Pero todo tiene su reverso, nada en la vida resulta tan sencillo como cuando lo imaginas. Pienso en esa anécdota que probablemente le salvó la vida a otro de los fotógrafos que más admiro, Ernst Haas, cuando Friedman se negó categóricamente a que acudiera al frente siendo todavía joven e inexperto.
Viviendo en Bilbao tuve la suerte de asistir a dos exposiciones, aunque solo recogían el trabajo de él. Hoy mismo he leido una información protagonizada por el inepto profesor que tuve en la universidad, Susperregi, quien asegura en un libro recién publicado que la famosa fotografía de Cerro Muriano es un montaje. No le voy a negar a este paleto del trípode la posibilidad de que tenga toda la razón del mundo, pero que una grulla con un flagrante caso de anorexia mental, incapaz de insuflar la mínima vida a sus clases, ni de transmitir un átomo de pasión por la fotografía se suba a hombros de gigantes para tener algo de presencia mediática… no tiene nombre.
Me encantaría ver la exposición, sería maravilloso. Difícil está la cosa. Un abrazo.
Qué fácil es descalificar desde el anonimato. Me refiero a ese que se presenta como antiguo alumno y que envió su comentario el 7 de julio, 2009 a 5:52 pm. Por lo que da a entender no se ha leído el libro que acabo de publicar pero no encuentra ningún impedimento para opinar sobre lo que desconoce, tratando de ocultar su ignorancia a través de los insultos. Lo primero que le diré a usted es que la fotografía no fue sacada en Cerro Muriano, sino cerca de Espejo, localidad de la campiña cordobesa. Esta identificación no deja opción a la duda porque se confirma con una lectura inteligente de varias de las fotografías reproducidas en el último libro de Richard Whelan, biógrafo oficial de Robert Capa, que dedicó gran parte de su trabajo a descalificar a todas aquellas personas que pusieran en entredicho la veracidad de la fotografía de Capa “Muerte de un miliciano”. Este detalle de la ubicación en Espejo y no en Cerro Muriano es una de las claves que explica esta fotografía porque, por ejemplo, se deduce fácilmente que si fue en Espejo resulta imposible que el miliciano fuera Federico Borrell García. Fue otro el miliciano que aparece en la foto, no se sabe todavía su nombre, pero fue otro. Quizá algún día se pueda descubrir su identidad.
En mi libro también descubro que la foto se sacó con la Rolleiflex y no con la Leica, y estas deducciones son el resultado de un análisis morfológico de la foto “Muerte de un miliciano”, pero esto no significa que el autor no fuera Robert Capa y que en su defecto fuera Gerda Taro porque alguien, no sé de dónde, se ha sacado la teoría de que los negativos de 6 x 6 pertenecen a Gerda Taro y los de 24 x 36 a Robert Capa
Si no fue en Cerro Muriano tampoco la fecha fue el 5 de septiembre sino una fecha anterior, es decir, entre el 8 de agosto y el 5 de septiembre, periodo que en la localidad de Espejo no hubo ninguna actividad bélica, ni tampoco murió ningún miliciano. Por lo tanto la fotografía de Capa no pudo ser real sino que fue una fotografía escenificada; para no cansarles con mis argumentos les diré que todavía hay otras razones que confirman mi teoría que, por cierto, el International Center of Photography ya admite oficiosamente que la fotografía no fue sacada en Cerro Muriano.
Y ahora, la conclusión principal de este comentario es la respuesta a la pregunta: ¿Usted quien piensa que, entre el profesor Susperregui y su antiguo alumno, tiene anorexia mental y otras delicadezas expresadas en su comentario?
P.D. Se nota que usted no ha leído el libro y probablemente no lo haga nunca, pero si algún día le pica la curiosidad verá que yo no necesito subirme al hombro de nadie para tener presencia mediática o lo que sea. Vaya a la página 107 del libro y lea el epígrafe “Valoración de la obra fotográfica de Robert Capa” y verá qué confundido está.
De todo lo que he leído que escribe el tal Susperregi (no tengo el dudoso placer de conocerle como tú) lo que me hace más gracia es que asuma que la foto la hizo Endre cuando el negativo, más cuadrado, pertenece a una Rolleiflex, cámara que solía manejar Gerda. Y no quiero decir que forzosamente la foto sea de ella, porque la cámara podían usarla ambos, pero al menos existe la duda.
Sobre si la foto era en Espejo o en el Cerro Muriano, una mentirijilla de ese tipo muy bien podría ocurrírsele a un fotógrafo de 22 años para hacer más histórico el momento. Sobre eso no me pronuncio.
Lo que sí creo que es inadmisible es afirmar que todo es un montaje y que la foto no recoje la muerte de ese soldado, que sólo estaba posando y es un trucaje. Según forenses y criminólogos que han analizado minuciosamente la fotografía, nadie que esté cayendo o fingiendo caer hacia atrás (vivo) mantiene los dedos de la mano más atrasada flexionados. Instintivamente los dedos se abren y la muñeca se flexionada hacia atrás para detener la caída. La mano izquierda del soldado, con los dedos flexionados, parece indicar que ya estaba muerto instantaneamente al ser fotografiado en el momento de recibir el balazo en la cabeza.
Aquí hay un detalle de la fotografía:
http://www.fotomaf.com/blog/tag/cerro-muriano/
Aquí más sobre la polémica:
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=626979&idseccio_PK=1013&h=
Con un poco de suerte la exposición ira a más ciudades y podrás verla. Sea como sea he descubierto que existe este documental:
http://spanish.imdb.com/title/tt0482725/
http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=154250
Eres un pozo sin fondo de información. ¡La leche! Lo de que la exposición recorra más ciudades está por ver, ojalá sea así. Y lo del Suspárrago ese… de todo tiene que haber en la viña del señor.
Pues yo me voy a regalar a mi mismo con mi mecanismo “Ligeramente desenfocado”, ea. Un abrazo.
Y una cosa más. Lo peor de todo es tratar de desacreditar una carrera entera por una fotografía sacada a los 22 años, siendo un pipiolo. Que como tu bien dices, es perfectamente factible que cambiara el nombre del lugar o que incluso alguien se equivocara a la hora de situarlo corectamente. Es como si la gente se creyese al juzgarlo que estar en el frente de una guerra fuera una situación normal, como ir al supermercado con una lista de la compra.
Ahora resulta que por la instantánea de Cerro Muriano Capa era un farsante. ¡¡Fíjate que hasta firmaba con un nombre falso!! Qué barbaridad, menudo hereje. Seguro que el que estuvo en Omaha Beach era un primo suyo al que engañó mientras él se lo pasaba teta con unas coristas.
Toda la información está en internet, sólo hay que tener ganas de buscarla porque evidentemente no lo sé todo. Es más: no sé casi nada.
Muy acertado lo de las coristas, porque lo tacha de mujeriego… ¡vaya tela! El argumento no se sostiene demasiado:
1. La foto es en Espejo.
2. El combate llegó a Espejo más tarde de la fecha de la foto.
Ergo: La foto es un montaje.
Por cierto, dije “una mentirijilla de ese tipo muy bien podría ocurrírsele a un fotógrafo de 22 años” cuando debería haber añadido “o a una fotógrafa de 25 que ya había ideado otra mentirijilla” puesto que no es seguro quién apretó el disparador en aquella ocasión.
Ya explicarás qué tal la autobiografía. He visto por ahí una novela que explica la historia de amor de Gerda y Endre: Esperando a Robert Capa, de Susana Fortes.
Efectivamente señor Susperregui, no he leido su libro. En eso tiene usted toda la razón. Respecto a si lo haré o no, envidio sus facultades adivinatorias, debería usted ganarse la vida como pitoniso. Así no me extraña que esté seguro de lo que afirma. Lo debe saber todo. Lo curioso es que me acuse de opinar sin saber y usted de la impresión de hacer lo mismo. Y me refiero a que en ningún momento niego que tenga toda la razón en lo que afirma. Lea usted también, o relea, en su caso.
No tengo ningún inconveniente en salir del anonimato y mostrarme con nombre y apellidos. Soy Javier de la Villa, ex-alumno de la UPV de 1995 a 2001. Respecto a los insultos, si se refiere a “ofender a alguien provocándolo e irritándolo con palabras y acciones”, efectivamente, lo he hecho, aunque no le haya llamado imbécil, gilipollas ni nada parecido, ni lo vaya a hacer, porque no lo pienso. Si lo prefiere usted lo dejamos en descalificaciones.
¿Y por qué lo hago? Pues mire usted. Creo que todo el mundo ha tenido buenos y malos profesores. Gente de la que aprende y gente de la que no. De la que no, es aquella que acude a impartir clase con desgana, que se limita a leer o recitar unos apuntes, aprendidos ya de memoria como si estuviéramos en clase de dictado de 1º de EGB, que desaparece en las clases prácticas dejando el trabajo para los becarios y que, en definitiva, se limita a dejarse llevar y a no ser capaz de transmitir adecuadamente los conocimientos que sin duda tiene.
Porque a usted no le niego que haya llegado donde ha llegado por su trabajo y merecimientos propios. Es decir, gracias a su esfuerzo. Pero creo que tengo todo el derecho a expresar mi opinión de su labor ejercida como profesor. Dejando grullas aparte y otras expresiones que pueden ser desafortunadas, por las que le pido disculpas, si hay alguien que opine mal de usted, se aguanta.
Lo llamativo del caso es que en su obra “Sombras de la fotografía” usted trata, aparte de la foto del miliciano, los casos de Nicolasa Ugartemendia, El Lute y la aldea española. De ninguna de ellas se habla. Curioso que se hable de Capa y su miliciano cuando, “por casualidad” de cumplen 60 años del final de la Guerra Civil y en Barcelona se inicia una exposición de Friedman y Taro. A eso me refiero con subirse a los hombros de alguien, señor Susperregui. Que repito, no le niego ni el trabajo de investigación realizado ni que usted tenga razón. Pero corríjame si me equivoco, usted en la elaboración de su libro solo ha contado con la información de las publicaciones y la ayuda del ICP de Nueva York. Admita usted la limitación de su área de investigación. Porque si no me equivoco otras investigaciones cuentan con testimonios que identifican al miliciano como Borrell, y que confirman su fallecimiento en la fecha en que fue tomada la fotografía. ¿Que pueden estar equivocados? Perfectamente. ¿Lo puede estar usted? Por no hablar de los que afirman que es imposible que una persona que finge una caida no tenga la mano abierta para mitigar el impacto contra el suelo. Es un acto reflejo, como explica la autora del post.
¿Que la fotografía esté tomada en un lugar que no sea Cerro Muriano la convierte automáticamente en un montaje? ¿No pudo tomarla cuando el miliciano fue abatido, aún no encontrándose en Cerro Muriano, ni siendo Borrell? ¿Limita su valor como documento? ¿En realidad importa si es de Taro o Capa? ¿No podían utilizar las cámaras indistintamente?
Mire, señor Susperregui, yo aún recuerdo sus “Fundamentos de la fotografía”, libro del que como muchos otros profesores de la UPV, su propio autor “recomienda” (cuando no obliga) su adquisición para el correcto aprovechamiento de las clases. Publicado, como no, por la propia institución para la que trabaja. Las cosas claras.
Y qué quiere que le diga, que me parece un poco triste andar buscandose por el google para ver qué dicen de uno. Y sí, por supuesto que he leido a Richard Whelan, faltaría más. Buenos días.
Y que usted haga en su libro una valoración de la obra de Capa me parece correctísimo. Hable usted de ella, que yo no tendré inconveniente en hacerlo de los magníficos profesores que tuve, como Álvaro Gurrea.
Un saludo.