
La traducción del título del libro de Michael Pollan es una vergüenza, pero su contenido es muy muy interesante. Aunque aquí aún estemos lejos de la cultura de comida basura americana, la influencia de una dieta cada vez más alejada del ideal Mediterráneo sigue amenazando y creciendo. Si ya miras sospechosamente la leche con Omega-3, los alimentos enriquecidos o certificados por estudios científicos (pagados por ellos, claro) como casi medicamentos o los anuncios que aconsejan que hagas una “cena sana All- Bran”, éste es tu libro. Si ya era contraria a los alimentos tratados o procesados ahora lo soy aún más. Si nunca me ha parecido buena idea tomar productos lácteos desnatados o descremados o bajos en grasas después de saber lo que implican aún menos:
Para que los productos lácteos sean bajos en grasa, no es suficiente con quitarles la grasa. Luego hay que procurar mantener el cuerpo o la textura cremosa añadiendo todo tipo de aditivos. En el caso de la leche desnatada, eso normalmente supone añadirle leche en polvo. Pero la leche en polvo contiene colesterol oxidado, que los fabricantes de alimentos a veces compensan añadiendo antioxidantes (…). Además, al quitar la grasa, a nuestro organismo le resulta más difícil absorver las vitaminas solubes en grasa, que constituyen una de las razones para tomar leche.
¿Cuántas veces habremos oído decir a nuestras abuelas o madres que las frutas y verduras ya no saben como antes? Si has comido alguna vez productos de una huerta familiar, o que no sean de una explotación industrial, les habrás dado la razón. Y si te han parecido muchos más buenos que los del supermercado te sorprendería saber que no sólo son más buenos, sino también más sanos:
Los investigadores del USDA (United States Department of Agriculture) han hallado recientemente que el desarrollo de cultivos para mejorar las variedades de trigo a lo largo de los últimos 130 años (un periodo durante el cual el rendimiento del grano por acre se ha triplicado) ha reducido los niveles de hierro en un 28% y los de zinc y selenio en un tercio aproximadamente. De igual forma la leche de las modernas vacas frisonas, también llamadas Holstein (de las cuales los criadores se las han arreglado para triplicar el rendimiento diario desde 1950), tiene bastante menos nata y otros nutrientes que la de variedades más antiguas y menos mejoradas.
La dieta occidental (acompañada de nuestra cultura y forma de vivir, estresados y en ciudades contaminadas) nos vuelve obesos, propensos a sufrir infartos, diabetes tipo 2, enfermedades metabólicas, cardíacas y diversos tipos de cáncer.
Estamos ante una pandemia global en potencia, pero esta no puede ser más insólita porque no hay virus, ni bacterias ni microbios de ninguna clase, sólo una forma de comer. Queda por ver si responderemos cambiando nuestra dieta o nuestra cultura y economía. Aunque aproximadamente un 80% de los casos de diabetes tipo 2 podría prevenirse con un cambio de dieta y ejercicio, parece que el dinero rápido está más bien en la creación de una basta industria de la diabetes.
Michael Pollan propone superar el nutricionismo (un -ismo al fin y al cabo implica doctrina, teoría o tendencia) y seguir fórmulas sencillas para comer mejor y más sano en la medida de lo posible. Ser conscientes de la cadena trófica de lo que comemos, hacerla lo más corta posible y ser racionales, cosa que muchas veces implica volver a dietas tradicionales y a proveedores cercanos de confianza.
Coma comida. No demasiada. Plantas en su mayor parte.
Así, con “Coma comida” propongo formas prácticas de separar, y defender, la verdadera comida de la cascada de productos parecidos a la comida que nos rodea y nos confunde, sobre todo en el supermercado. Muchos de los consejos que aparecen en este epígrafe tienen que ver con la compra y adoptan la forma de filtros que deberían ayudarnos a mantenernos alejados de los productos que queremos evitar. Con “Plantas en su mayor parte”, hago hincapié más específica y afirmativamente en las mejores clases de alimentos (no nutrientes) para comer No se preocupe, hay, como sugiere el complemento adverbial, más cosas en la lista bademás de frutas y verduras. Por último, con “No demasiada”, más que en los alimentos, me centro en la cuestión de cómo comerlos: las formas, hábitos y costumbres que conllevan la creación de una cultura alimentaria sana y agradable.
Se va a estrenar en USA Food Inc. un documental de Robert Kenner en el que el discurso de Pollan guía la trama. “Yo no aspiraba a convertirme en Michael Moore, pero las grandes compañías me negaron una y otra vez el acceso a sus instalaciones, y allá donde iba me topaba con el silencio y con el miedo”, afirma el director.

¡Uníos a la revolución de la “slow food”!
En cuanto tenga una terracita me monto un mini- huerto…