Suero oral, GAP, trepas, comerciales y otras inmundicias
13 Marzo, 2008 por Nuala
Está bien, está bien: yo soy el problema.
Con mi cuerpo desidratado post- gastroenteritis, mis piernas que apenas parecen sostenerme y mis enormes ojeras vuelvo a mi puesto de trabajo para encontrarme con la desastrosa valoración GAP de mi jefe, el enano que nunca está pero que quiere controlarlo todo. No le caigo bien desde el principio, me hizo una mala valoración aduciendo dos chorradas y me dejó sin parte de mis incentivos cuando me hice un esguince y aún así renuncié a coger la baja para no dejarlos tirados en la oficina. Casi dos meses yendo a trabajar con muletas y con un pie que debería haber reposado en alto y así me lo pagó: me valoró mal. No le caigo bien. Y es recíproco.

Pero el problema, como decía, soy yo. Porque me manejo terríblemente mal en ese mundo de la diplomacia y de la, digámoslo así, instrumentación de las relaciones con otras personas. Y mira que llevo un año entre comerciales pero no se me pega nada, al contrario: cada vez los odio más a (casi) todos. Para mí las personas que trabajan conmigo están en categorías que dependen de si me despiertan simpatía o cordialidad o si no lo hacen. No sé usarlas en propio provecho, no sé mover hilos de personas animadas, eso sólo se hace con muñecos.
Y el otro problema que tengo es que tiendo a hacer mi trabajo lo más rápido y diligentemente que puedo en cuanto me lo piden y no me entretengo mariposeando por allí o por acá, charlando con este o con la otra, levantándome mil veces a vaya a saber usted qué… Si llamo por teléfono voy al grano, si tengo que resolver un problema no hago aspavientos, si consigo arreglar algo no dedico diez minutos a proclamarlo a los cuatro vientos para que todos sepan lo buena que soy, si alguien me trata altivamente o se pone una medalla de un logro mío me aguanto y no hago un drama ni lo comunico llorando a toda la oficina.
Y así mi trabajo es mucho menos vistoso y luce mucho menos, dónde va a parar.
Yo soy de las que si tiene que llorar por una injusticia contra mí en el trabajo se encierra en el baño. Como hoy. Lo que me faltaba: perder más líquidos…
Así nunca voy a llegar a nada en este mundo.
“Así nunca voy a llegar a nada en este mundo.”
Si logras llegar a un ‘lugar’ en donde te encuentres a gusto contigo misma, ya habrás llegado a algo. A mucho, diría.
Ánimo.
Ánimos coño!No sé exáctamente cuál es tu objetivo en la vida, pero por lo que sé no es ascender en un puesto de oficinista al uso, así que intenta olvidarte de tu jefe y sigue haciendo el trabajo lo mejor posible. Lo dicho, ánimos.
Gracias. En efecto ahora ya me la sopla mi jefe, pero al momento me dio una rabia que pa qué. Y, efectivamente, la única importancia de lo que hago es que ahora mismo me da de comer. No quiero acabar con mi compañera, tras diez años ahí y sabiendo más que cualquier jefe de la empresa, en el mismo puesto en el que empezó y sin mejoras en su sueldo.
Cuando trabajaba en una gran empresa lo pasaba fatal con las valoraciones GAP y los cuestionarios de autovaloración de 360º, porque nunca quedabas bien. Sin embargo, el reconocimiento de los clientes, compañeros y algunos jefes (los que no tenían que valorarte) suplían la parte de incentivos que se dejaba de ingresar. En cualquier caso, prefiero el reconocimiento de quienes se beneficiaban directamente de mi trabajo que el de mis jefes.
Por cierto, que he llegado aquí por casualidad y me ha encantado lo poco que he leído.
Ánimo.
Llego tan, tan, tarde que seguro que no sirve de nada, pero que sepas que siguiendo la sugerencia de la imagen estoy haciendole un vudú a tu jefe enano para encogerle los güitos.
¡Gracias!
Nunca es tarde si el vudú es bueno. Un beso, guapa.