Como lágrimas en la lluvia…
6 Marzo, 2008 por Nuala
Me acabo de dar cuenta de que por error borré mi último microrelato enviado, el de esta semana que parece no tener ganadores y que empezaba con la frase: “No hasta que por fin me haya mordido”. Los suelo escribir en el trabajo (tras meditarlos mínimamente de camino a casa para comer o en la vuelta al trabajo) en un archivo Word que luego, cuando he editado una entrada para él aquí, borro por no dejar vestigios informáticos de mi poca productividad laboral de 14′30h a 16h, un horario por lo normal bastante tranquilo. Más tarde los transcribo a mi Moleskine.
Lo borré creyendo que borraba una entrada repetida, la del microrelato anterior que aún seguía ahí ahora, como burlándose de mi estúpido error. Es lo que tiene titularlos a todos igual y diferenciarlos sólo con numeración romana: es fácil confundir Microrelato VII con Microrelato VIII. Así que se ha esfumado definitivamente. Tras la rabia llega la aceptación. Tampoco se ha perdido ninguna maravilla, era demasiado gore y demasiado sci- fi y freak para llegar a finalista. Lo sabía cuando se me ocurrió la idea, lo sabía cuando lo escribí y cuando lo mandé. ¡Pero me divertí creándolo, qué coño!
¿Dónde van los microcuentos o microrelatos que se pierden? ¿Van a la micro- Biblioteca de los libros perdidos?
Dudo si reescribirlo o dejarlo perderse en el mar del olvido…

Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? En eso consiste ser un esclavo.
Pide que te lo devuelvan! Simplemente recuérdote que esta semana se daban los premios del mes, luego los finalistas se deciden el próximo Lunes. Yo ni me molestaría en transcribirlo al Moleskine, quizás intentar escribir un relato a partir de la idea del Microrrelato perdido, no sé.
No sabía que cuando escogían al ganador mensual aplazaban el semanal… Eso lo explica todo.
En fin, como mi microrelato perdido no va a quedar finalista ni de coña (además de por los motivos dados más arriba, porque no es lo suficientemente bueno), que sería la única forma de recuperarlo, lo mejor que puedo hacer es reescribirlo sin el corsé de las 100 palabras, para conservar al menos la idea central, que me gustaba, y que no pude desarrollar lo suficiente.