
Take Me, by Audrey Kawasaki
La tesis que más ha dado que hablar del libro El cerebro femenino de la neuropsiquiátra Louann Brinzendine es la siguiente: los hombres piensan en sexo cada 52 segundos y las mujeres una sola vez al día. Somos superiores en empatía e inteligencia emocional pero tenemos entre 10 y 100 veces menos testosterona en el cuerpo y en el cerebro que ellos.
Cada 52 segundos me resulta excesivo, hasta para el más obseso de los obsesos (aunque si le pregunto a Roger me contesta con una sonrisa maliciosa que él piensa en sexo cada 33 segundos), pero parece que la naturaleza lo justifica en el caso de ellos para evitar que se extinga la especie. Sin embargo en el caso femenino, pensar en sexo una sóla vez al día me parece, incluso estadísticamente, demasiado poco. Os aseguro que yo pienso en sexo bastante más que eso…
¿Qué nos pasa a las mujeres? ¿Es sólo cosa de la testosterona o hay también factores socio- culturales a tener en cuenta? ¿No nos gusta el sexo? ¿Soy yo la extraña?
Bien cierto es que, además de las diferencias neuronales que sin duda existen entre los géneros, desde el momento del nacimiento no hacen más que diferenciarnos: a nosotras nos agujerean las orejas sin pedir permiso, nos adjudican el rosa y nos colocan lacitos en el pelo incluso antes de tener pelo donde engancharlos. Luego, por norma general, nos compran muñecas para que empecemos a ensayar la maternidad, aunque lo que tú quieras sea el barco pirata de Playmobil para aprender a ser un bucanero. Te elogian lo linda que estás con ese vestidito o lo bonito que tienes el pelo cuando tú prefieres abrirte las costras de las rodillas subiendo a los árboles o bajando cuestas con el patinete. Y luego debes ponerte guapa y gustar a los chicos cuando quieres quedarte en casa leyendo.
Cuando creces te enteras de que lo que realmente debes hacer es perseguir la igualdad de géneros… y te das cuenta de que llevas toda la vida luchando contra corriente e intentándolo. Cada vez que rechazabas pasear muñecas o te enfadabas por la injusticia de que no te dejaran jugar a algo porque era “de chicos” o cuando te esforzabas por correr, saltar o trepar tan bien o mejor que ellos no hacías otra cosa. En mi caso el haber crecido rodeada de primos ayudó bastante. Entre un grupo de hombres me gusta sentirme una más, sin ningún tipo de deferencia o consideración por el hecho de ser mujer. Y eso incluye los temas sexuales.
Hablemos de sexo…
Aquella tarde en que tú y tu vecinito del quinto os enseñásteis las cositas en tu habitación después de merendar (lo sé, es un topicazo pero en mi caso fue así y él era un rubito de ojos azules que se llamaba Iván) no te diste cuenta de que ahí había otra diferencia importante que iba a traer numerosas consecuencias. Esa divertida cosita rosa y arrugada que colgaba estúpidamente entre las piernas de tu vecino y que tú no tenías no te pareció gran cosa en ese momento, pero haría que entre los 9 y los 15 años la testosterona de los chicos se multiplicara por veinte o por veinticinco, ellos se convirtieran en una efervescencia de hormonas con patas y tú, la chica, no pudieras volver a ser considerada nunca más como antes.
Y desde ese momento hasta hoy las diferencias respecto al sexo parecieron multiplicarse porque no, las buenas chicas no hablan de sexo o de masturbarse o del deseo de ser penetrada, besada, tocada, acariciada o lamida. Pueden llamarte guarra, o súcia o puta si hablas de sexo con la misma claridad y grado de deseo con que lo hacen ellos. Pero me da igual, siempre me ha dado igual…

Frost, by Sylvia Ji
Y lo único que ocurre es que tus testosteronas funcionan bien, te gusta el sexo, no es nada malo o que haya que ocultar. Y no tragas con todos los topicazos que dicen que las mujeres disfrutan más con las cenas románticas, las velitas, los besitos, caricias, palabra dulces, los preámbulos al fin y al cabo, que con el sexo en sí mismo.
Descubro estupefacta en mi entorno a mujeres que no deben disfrutar demasiado del sexo porque actúan como si el sexual fuera un terreno por el que sus parejas debieran luchar. Mujeres de mi edad o más jóvenes con un extraño sentido religioso o del honor cuyas vaginas son el valle inexpugnable que deben negarle al enemigo (quienes, no lo olvidemos, para ellas no quiere otra cosa y eso es radicalmente malo) hasta que se demuestre digno de tal premio. Se produce toda una estrategia casi militar de tira y afloja, en la que él se ve obligado a sufrir constantes calentones y a usar inteligentes artimañas, subterfugios y, sobre todo, infinita paciencia. Pobrecillos, me parece todo tan antinatural. ¿Serán ellos mejores o más fieles por aguantar esa situación? ¿A ellas no les apetece también un revolcón? ¿Por qué evitar entonces algo que a ambos les apetece? ¿No puede salir bien una relación si follan en la segunda cita? ¡Dios, qué iban a pensar de ellas…!
Las mujeres que disfrutamos sanamente del sexo (y que espero que seamos cada vez más) debemos revelarnos ante los y las cerradas de mentes, ante las personas que tienen demasiados prejuicios morales o de otro tipo como para pensar que nosotras tenemos un problema. No, disfrutar del sexo no es ningún problema, sino todo lo contrario, es fantástico. Si alguien no quiere o no puede hacerlo sólo puedo sentir lástima. No saben lo que se pierden…
Is sex dirty? Only if it’s done right.
Woody Allen
“¿No puede salir bien una relación si follan en la segunda cita?”
y en la primera?? y no, no estoy intentando ser frívolo
Y también en la primera, por supuesto. Si puse en la segunda fue por mera concordancia con mi biografía personal.
No conozco ningún caso en que una tía por tirarse un tío en la primera noche haya estropeado la relación, y conozco a varias tías que lo han hecho. Yo una vez lo hice, y después de un tiempo enrollados acabamos saliendo, se estropeó al cabo de casi dos años, pero vamos, evidentemente no porque me acostara con el la primera noche. Si un tío tiene interés, lo tiene antes y después. Otra cosa es que si el tío no tiene mucho interés y encima se lo pones muy fácil ( no sólo acostándote sino demostrándole demasiado que te gusta) probablemente el tío pase, pero en realidad a nosotras también nos sucede, a la inversa.
Por otra parte nunca he entendido lo de las cenas románticas. Es “antinatural” comer copiosamente antes de tirarte a alguien, mucho mejor comer después.
Yo trato de plantearme si realmente pienso en sexo cada minuto y la respuesta es no. Puede que esté en la parte derecha de la campana de Gauss o que sea una mujer. Mola más la segunda opción.
Sin entrar en cuestiones conductistas, crees que las chicas preferirían arrancarse postillas en lugar de jugar con muñecas si se les regalara el camión de bomberos de Playmovil para reyes?
Bueno, sólo si fuera el camión de bomberos de Playmobil lo que ellas quisieran realmente, sólo reclamo la posibilidad de elegir. A muchas ya les gustan las muñecas, lo cual tampoco quiere decir que estén destinadas a ser unas perfectas mamás y amas de casa. ¿O sí? Jajajajaja…
Evidentemente no intentaba lanzar teorías conductivistas, qué cachondo.
Y supongo que las cenas románticas deben ser, por definición, frugales.
Para la mujer pensar ya es un esfuerzo y hacerlo una vez al día la agota para otras tareas (el comentarío es tan machista como en mi opinión se merece el trato sobre los hombres…)Saludos
20 segundos, 15 en días de guardar.