La oveja negra
12 Marzo, 2007 por Nuala
Hay veces en que te sientas entre la gente con la que antes te sentías integrado y de repente algo minúsculo pero fundamental ha cambiado. Puede pasar que alguien que te caía muy bien hace apenas unos meses empiece a decir cosas que te horrorizan y ni siquiera lo sepas asumir. O que de repente las diferencias se hagan abismales y te encuentres más perdida que un pingüino en un ascensor… Debe ser algo que ha ocurrido gradualmente, poco a poco, sin que te des cuenta de que está pasando.
No es que comparta del todo la idea de que para tener una amistad (o incluso una relación) con alguien tengas que compartir el 100% de los gustos musicales, literarios, cinematográficos o de lo que sea, pero quizá una cierta sintonía en las ideas básicas vitales sí se haga imprescindible en algunos casos. En caso contrario te puedes encontrar envuelta en una conversación sin fin sobre zócalos, cortinas, papel pintado o diseño de muebles de cocina sin saber por dónde salir o en un intercambio de pareceres acerca de preferencias sobre el sexo de los futuros hijos, la sensación de estar embarazada o sobre bodas sin saber qué cara poner.
¿Cómo explicar que a ti te apetece hablar de El hombre elefante, de lo grandes que son los conciertos de Marah o de cualquier otra tontería sin sustancia?
No digo que hablar de la película de Lynch implique poseer un pensamiento más elevado, no soy nada gafapasta en ese sentido. Puedo hablar de estupideces durante horas. Sólo digo que la joyería o la maternidad es algo que a mí no me interesa como tema de conversación e incluso me incomoda porque me hace sentir sola en la multitud, alejada, como… como una oveja negra.

Ilustración de Roger Tallada
A mi me sucede algo parecido. Es decir, no es que me sienta más distante de una amiga como parece que te pasa a ti, pero sí que me pasa que muchas veces que en algún círculo me aburro soberanamente porque las conversaciones son terriblemente insustanciales. Hablar de peinados, hombres, trabajo y trapos de forma circular es desesperante. Y coincido contigo, no es que hablar de tonterías tenga porque ser aburrido, yo soy la duquesa de las tonterías, y las anécdotas absurdas, y me gusta gran hermano, vamos, que no soy nada gafapasta, pero es que una acaba atontada con conversaciones interminables que versan exclusivamente sobre si es mejor dejarse flequillo porque a Pepito le gusta, o si el verde se va a llevar mucho esta primavera, conversaciones en las que hay muchas risitas, pero oír un chiste es impensable y la ironía es tomada en serio con cierto escándalo.
Cansa tanto hablar de la reproducción del moho mucilaginoso como de la última película de Woody Allen, de los Girasoles de Van Gogh o cualquier otro tema si la predisposición de tu espíritu no es la adecuada.
El problema no creo que sea el inoportunismo de los otros si no uno mismo, que es un puñetero en toda regla. Por eso nos pusieron dos orejitas y una boca: para hablar menos y escuchar más (a los otros). Aunque algunos no acaben de entender el tema de las proporciones (ahora que lo pienso: si seguimos a rajatabla esa teoría, acabaríamos hablando muy poquito y, por tanto, escuchando menos aún. Y si escuchamos menos, no necesitaríamos una de las orejas… Qué lío!)
Nuala, ¿te sientes presionada porque ’se te pasa el arroz’? Yo les soltaría una auténtica barbaridad para callarles la boca. O me quedaría embarazada…
Ser oveja negra no está tan mal, peor sería transparente.
o una borrega…
¿Presionada yo?
En absoluto. Lo que me jode es que haya gente que no entienda que haya vida más allá de su universo personal, que tu vida no gira exclusivamente entorno a casarte, tener una casita y parir niños en cadena como una zarigüella. Una hace el esfuerzo por entender esa forma de pensar pero no ve reciprocidad por ningún lado porque a ti te clasifican como “la rara” y punto. Pues los raros son los demás.
Nuevos ejemplos en posts venideros. Tema: música.
No es por una amiga, Dracma, es por todo un grupo de conocidas, que hacen piña con su “normalidad”. A mis escasas amigas (en plural por ser dos) las conozco, quiero y querré siempre como son, con sus virtudes y defectos, aunque una se quiera casar de blanco.
Hay gente que tira piedras a los aviones, quien pellizca cristales, quien peina bombillas, quien mastica chicles y quien baila cn la musica del telediario…
*¿¿Y QUEE??*
Hay personas y personas, y pa gustos los colores, yo creo que si todos pensaramos, hicieramos y nos gustaran las mismas cosas, se haria tan monotono y aburrido que las cosas acabarian pronto, sin embargo, yo creo que habiendo diferentes opiniones en el “grupo” o en tu circulo de amistades, se hace mas “divertido”, no solo tienes la opción de hacer lo que a ti te gusta, sino probar cosas nuevas que tu sola seguro que nunca te daria por hacer, y que al final, pruebas y resulta que te gusta.
Nana