Pero es que no puedo evitarlo, Roger tiene que levantarse muy temprano, no podemos ver una película después de cenar porque hay que ir a dormir prontito y las series nos vienen de perlas. Además las cadenas se empeñan en hacer series buenísimas. Y para colmo estos ingleses son la leche. Ya lo sabíamos, no descubro nada nuevo. Lo comprobé de nuevo con The Office: la versión americana es una serie de humor, simpática, pero sólo eso, mientras la versión inglesa tiene una mala uva y una acidez insuperables.
La serie fue creada originalmente para la Radio 4 de BBC y luego pasó a convertirse en una serie para BBC Three dirigida y protagonizada por Matt Lucas y David Walliams y narrada por Tom Baker (Doctor Who). Una delirante cadena de sketches con personajes fijos que se mueven entre la parodia, lo absurdo, el surrealismo sin sentido, lo grotesco y lo políticamente incorrecto. Ante el absoluto éxito ha sido repuesta en BBC Two y BBC One (censurando parte de los sketches que podían resultar ofensivos). Ya hay tres temporadas, Little, Little Britain, especial de Navidad, videojuego y Little Britain USA (no es un remake, son Matt y David con personajes americanos).
Sólo puedo añadir que ¡no se la pierdan!
Para muestra… dos botones. Los personajes del segundo video, Andy y Lou, según sus creadores se inspiraron en una improvisación parodiando a Andy Warhol y Lou Reed.
Esta mañana he encendido la televisión y ya había muerto.
En casa de mis padres, en mi habitación, aún tenía un aparato al que tenía que ajustar las antenas para sintonizar bien los canales. Las nuevas generaciones ya no sabrán qué era eso. Esa experiencia se perderá como lágrimas en la lluvia. Como revobinar casettes con un boli, o llamar (a sitios, no a personas) desde una cabina, o esperar una hora después de comer para que te dejaran bañarte en la playa sin peligro de muerte por corte de digestión, o tener que ir a salas recreativas con ambientes muy lumpen para jugar a un videojuego lleno de polígonos, o ignorar algo y tener que buscarlo en una enciclopedia y, muchas veces, quedarte con la duda…
¿Y a quién le importa?
Un lamento de recuerdo por nuestra vieja televisión con orejas de conejo, que nos deja ya. Ahora triunfan los diseños retro de giradiscos y equipos de música, quizá algún día se pongan de moda los televisores “vintage” con cajas de madera y ya inútiles pero decorativas antenas.
Michael Joseph Jackson (Gary, Indiana, 29 de agosto de 1958 – Los Ángeles, California, 25 de junio de 2009).
Podría gustarte más o menos (sobre todo últimamente) pero no se puede negar que era único. Ha muerto un icono de mi época. Desde que recuerdo, desde bien pequeña, desde que la fascinación y el miedo peleaban por imponerse cuando veía el video de Thriller hasta casi hoy en día, hay algún momento de mi vida ligado de alguna manera al negro que ya no lo era. R.I.P.
Cuando me decidí a preparar estas deliciosas y saludables croquetas de garbanzos (cuyo origen es algún lugar del subcontinente índio y que se remonta a tiempos de la Bíblia) me encontré con infinidad de variantes. La preparación original era con habas en lugar de garbanzos y hay casi tantas recetas diferentes como personas que las preparan: con especias varias, con levadura o sin ella, rebozadas o sin rebozar… Me decanté por una de las recetas más simples para empezar y resultó ser muy sencillo de hacer y garantizo que quedan muy ricas. Aunque aconsejo que no hagáis las bolas muy grandes y que las aplastéis como una hamburguesa para que no queden demasiado secas por dentro, como me sucedió a mí.
En teoría es un plato entrante pero ya sea dentro de pan de pita o en un plato acompañadas de alguna salsa suave (de yogurt o tahine, por ejemplo), una ensalada de lechuga, cebolla, tomate y pepino y/o rodajas de berenjena a la plancha o fritaresulta una cena saciante y sabrosa.
Ah, y no sufran por los gases que generalmente provocan las legumbres, porque uno de los beneficios del comino que incluye la receta (y que además le da una sabor muy rico) es contrarrestar y eliminar esas molestias. Garantizado.
Ingredientes para 4 personas:
250 grs. de garbanzos.
1 cebolla.
2 dientes de ajo.
1 cucharadita de comino.
1 cucharadita de perejil picado.
1 cucharadita de cilantro (yo lo substituí por el zumo de medio limón).
Pimienta y sal.
Aceite para freír.
Preparación:
Poned en remojo los garbanzos en agua salada durante 24 horas. Pasado este tiempo hay que escurrirlos bien y pasarlos por la batidora junto con el ajo, la cebolla (bien picaditos) y las especias hasta conseguir una pasta espesa. Sí, así en crudo, sin cocer los garbanzos previamente, has leído bien.
Tapad la masa y dejadla reposar dos horas en la nevera.
Hagan bolitas pequeñas y aplastadas y fríanlas en aceite de oliva bien caliente hasta que se doren por fuera.
La traducción del título del libro de Michael Pollan es una vergüenza, pero su contenido es muy muy interesante. Aunque aquí aún estemos lejos de la cultura de comida basura americana, la influencia de una dieta cada vez más alejada del ideal Mediterráneo sigue amenazando y creciendo. Si ya miras sospechosamente la leche con Omega-3, los alimentos enriquecidos o certificados por estudios científicos (pagados por ellos, claro) como casi medicamentos o los anuncios que aconsejan que hagas una “cena sana All- Bran”, éste es tu libro. Si ya era contraria a los alimentos tratados o procesados ahora lo soy aún más. Si nunca me ha parecido buena idea tomar productos lácteos desnatados o descremados o bajos en grasas después de saber lo que implican aún menos:
Para que los productos lácteos sean bajos en grasa, no es suficiente con quitarles la grasa. Luego hay que procurar mantener el cuerpo o la textura cremosa añadiendo todo tipo de aditivos. En el caso de la leche desnatada, eso normalmente supone añadirle leche en polvo. Pero la leche en polvo contiene colesterol oxidado, que los fabricantes de alimentos a veces compensan añadiendo antioxidantes (…). Además, al quitar la grasa, a nuestro organismo le resulta más difícil absorver las vitaminas solubes en grasa, que constituyen una de las razones para tomar leche.
¿Cuántas veces habremos oído decir a nuestras abuelas o madres que las frutas y verduras ya no saben como antes? Si has comido alguna vez productos de una huerta familiar, o que no sean de una explotación industrial, les habrás dado la razón. Y si te han parecido muchos más buenos que los del supermercado te sorprendería saber que no sólo son más buenos, sino también más sanos:
Los investigadores del USDA (United States Department of Agriculture) han hallado recientemente que el desarrollo de cultivos para mejorar las variedades de trigo a lo largo de los últimos 130 años (un periodo durante el cual el rendimiento del grano por acre se ha triplicado) ha reducido los niveles de hierro en un 28% y los de zinc y selenio en un tercio aproximadamente. De igual forma la leche de las modernas vacas frisonas, también llamadas Holstein (de las cuales los criadores se las han arreglado para triplicar el rendimiento diario desde 1950), tiene bastante menos nata y otros nutrientes que la de variedades más antiguas y menos mejoradas.
La dieta occidental (acompañada de nuestra cultura y forma de vivir, estresados y en ciudades contaminadas) nos vuelve obesos, propensos a sufrir infartos, diabetes tipo 2, enfermedades metabólicas, cardíacas y diversos tipos de cáncer.
Estamos ante una pandemia global en potencia, pero esta no puede ser más insólita porque no hay virus, ni bacterias ni microbios de ninguna clase, sólo una forma de comer. Queda por ver si responderemos cambiando nuestra dieta o nuestra cultura y economía. Aunque aproximadamente un 80% de los casos de diabetes tipo 2 podría prevenirse con un cambio de dieta y ejercicio, parece que el dinero rápido está más bien en la creación de una basta industria de la diabetes.
Michael Pollan propone superar el nutricionismo (un -ismo al fin y al cabo implica doctrina, teoría o tendencia) y seguir fórmulas sencillas para comer mejor y más sano en la medida de lo posible. Ser conscientes de la cadena trófica de lo que comemos, hacerla lo más corta posible y ser racionales, cosa que muchas veces implica volver a dietas tradicionales y a proveedores cercanos de confianza.
Coma comida. No demasiada. Plantas en su mayor parte.
Así, con “Coma comida” propongo formas prácticas de separar, y defender, la verdadera comida de la cascada de productos parecidos a la comida que nos rodea y nos confunde, sobre todo en el supermercado. Muchos de los consejos que aparecen en este epígrafe tienen que ver con la compra y adoptan la forma de filtros que deberían ayudarnos a mantenernos alejados de los productos que queremos evitar. Con “Plantas en su mayor parte”, hago hincapié más específica y afirmativamente en las mejores clases de alimentos (no nutrientes) para comer No se preocupe, hay, como sugiere el complemento adverbial, más cosas en la lista bademás de frutas y verduras. Por último, con “No demasiada”, más que en los alimentos, me centro en la cuestión de cómo comerlos: las formas, hábitos y costumbres que conllevan la creación de una cultura alimentaria sana y agradable.
Se va a estrenar en USA Food Inc. un documental de Robert Kenner en el que el discurso de Pollan guía la trama. “Yo no aspiraba a convertirme en Michael Moore, pero las grandes compañías me negaron una y otra vez el acceso a sus instalaciones, y allá donde iba me topaba con el silencio y con el miedo”, afirma el director.
¡Uníos a la revolución de la “slow food”!
En cuanto tenga una terracita me monto un mini- huerto…
¡Qué bonito es ser mujer! Le dan a una ganas de ponerse a corretear y saltar por el campo como un maldito cervatillo y revolcarse por el césped. Sí, porque los anuncios de compresas dicen la verdad, ¿no? ¿NO?
Además de esa alegría desbordante que parece que debe embargarte cuando menstruas (estoy esperando que me ocurra, porque los anuncios no mienten… bueno, el de Actimel sí) ser mujer tiene más ventajas y cosas maravillosas: acumulas líquido como un botijo. Y si encima hace calor y tienes mala circulación y, para arreglarlo, te pasas el día caminando, acabas con los pies como los del hombre elefante, incrustados en las sandalias:
Penelope Jolicoeur disfrutando de ser mujer, como yo...
Será el verano, o la caminata, o la mala circulación, o las hormonas locas o la retención de líquidos… ¡O todo junto! El caso es que yo, que nunca tomo cosas de estas, le suplico a mi madre (quien, como todas las madres, sabe de estas cosas llamadas remedios naturales) y me vengo a casa con unos sobres de hierbas con cola de caballo (por lo visto es diurético) y espino blanco (mejora la circulación) y no sé qué hierbas más que se toma en infusión. Poca sal y baños fríos. Y tener los pies en alto, por supuesto.
¡Las temperaturas veraniegas ya han llegado! ¡Viva ser mujer, también en verano!
Si tienen más remedios naturales compártanlos con nosotros.
En casa Antònia Font ya son todo un clásico del verano. Cuando empieza a apretar el calor dos cosas son obligatorias: sacar el ventilador y que suene alguno de sus discos.
Estos mallorquines me sacuden el frío y la tristeza del cuerpo y me ponen automáticamente de buen humor. Como el sol tibio de primavera sobre la piel.
Antònia Font y la Bratislava Symphony Orchestra:
Un dia que te sobren vitamines,
sa casa i sa teulada tan intenses,
s’al·lota s’entretén amb una planta
i deixa sa terrassa com sa Terra.
Canvies s’aigua de sa cadernera
i bufes perquè volin ses clovelles
i deixes que una verge primavera inundi
tots es metres cúbics que has pagat amb sa hipoteca.
T’estim, jo volia fer un reggae,
t’estim, crec que això és més un vals,
redunden aquestes paraules
damunt tot lo que hem fornicat.
Les quatre i es carrer se posa en marxa,
s’estressen que fan tard ses dependentes
i baixes que tens hora a en Buades,
li diràs que en es costat es 3 i que a damunt es 4
I escures una cuina de tres dies
i grenes passadissos de cent metres
i gastes mil durets en es Caprabo
i deixes sa gelera més decenta.
T’estim, jo volia fer un reggae,
t’estim, crec que això és més un vals,
redunden aquestes paraules
damunt tot lo que hem fornicat.
T’estim, jo volia fer un reggae,
t’estim, crec que això és més un vals,
t’ho dic perquè no em vull fer el hippie
t’ho dic perquè ja tenc una edat.
T’estim, jo volia fer un reggae,
t’estim, crec que això és més un vals,
redunden aquestes paraules
damunt tot lo que hem fornicat.
O eso dice el anuncio de electrodomésticos de la parada del autobús de al lado de casa. Claro, que se refiere a que con un electrodoméstico como los que fabrican ellos es imposible que el asado o cualquier otra cosa te salga mal. Pero me gusta leerlo según mi propio significado cuando vuelvo del curso a mediodía cansada, muerta de calor, sudada y hambrienta. Todo saldrá bien, ¡claro que sí! ¡Mantengamos la esperanza! ¡Que sea lo último que pierda!
No hay trabajo, no hay dinero para conciertos y veremos si para vacaciones; los desagües se embozan, la lavadora no lava bien, el retrete se desmonta, el calentador se apaga, los enchufes hacen chispas, la nevera acumula una piscina de agua, salen hongos en la pared, el armario huele mal, el piso es una tumba oscura todo pasillo y el edificio de enfrente está tan pegado que puedo oír perfectamente los golpes de la cabeza del vecino contra la pared cuando se pelean entre ellos después de pasarse la tarde emborrachándose (así no hay quien vea una serie en paz, yo creí que se mataban…). ¡Pero todo saldrá bien, sólo hay que seguir intentándolo!
Sin embargo carecer de cosas materiales te hace tener muchos sueños. No sabéis cómo sueño con el momento en que tenga en mis manos la nueva cámara de fotos. O con tener un gatito. O con encontrar un nuevo piso con más luz y con terracita donde plantar tomates, fresones, pimientos y judías verdes. Y donde tener una mesa y dos sillas para disfrutar las tardes de un domingo caluroso, como el pasado, del aperitivo de Quelis con sobrasada y queso de Mahó y de la cerveza Epidor de Moritz compartida con R.
¿Con qué soñarán los que ya lo tienen todo? Quizá sueñen con el pequeño placer de compartir tranquilamente una cerveza y un aperitivo con alguien a quien amen y que les ame de verdad…
Ahora a cuidar mis cactus (esos no se me mueren, son muy agradecidos), las nuevas plantas de hierbabuena y albahaca que compramos ayer y a seguir soñando, que supongo que todo llega.
… y sobre el amor y la vida y la muerte… Pero destaco sobre todo lo delicada pero profundamente que Frederik Peeters, con su habitual destreza esbozando perfiles psicológicos, nos dibuja la amistad entre Lupus y Tony.
Siempre me conmueven especialmente las historias de amistad que se prolongan en el tiempo entre dos hombres: se conocen de pequeños o de adolescentes y se hacen inseparables. Como dos hermanos pero sin los inconvenientes de serlo. Sin mariconadas, sin disculpas, sin confesiones y casi sin palabras pero tan profunda, leal e inquebrantable que a veces dudo (aunque suene machista) que dos mujeres puedan experimentarla de igual modo.
Peeters sabe explicarlo mejor que yo. Y es un genio narrando con sus ilustraciones. No se lo pierdan.
Trabajo no encontraré, pero al menos hago cursos. A mí quizá me sirva de algo toda esta recesión económica, porque estoy teniendo ocasión de estudiar cosas que me interesan sin pagar un duro. Según el INEM ya soy fotógrafa (¡ejem, ejem…!) y ahora además de Photoshop estoy aprendiendo a usar el Illustrator.
En el curso, con el aire acondicionado permanentemente a temperatura siberiana, van a matarme de frío. Pero los vectores molan. Diseñar mola. Pintar mola…
Todo esto debe querer decir que, como con la mayoría de cosas que me molan, económicamente no me va a servir para nada en absoluto en el futuro. ¡Yupiiii!
¡Bravo, soy un fracaso para esta sociedad!
Y ahora que la gente normal planea sus vacaciones yo me planteo renunciar a conciertos y festivales y ver si podemos escaparnos a algún lado.
Hasta aquí mi lamento habitual.
El fin de semana se presenta movidito. Viene C. de Madrid y podremos tomar un café con él para que nos ponga al día de su ajetreada vida. Y también viene J. de Bilbao/ de Palencia, con quien en Vitoria (antes de encontrarnos y sin conocerle) mantuve una de las conversaciones telefónicas más extravagantes que he tenido en la vida. Así que además de cenar con el padre de R. e ir al estreno de Coraline, toca turismo, paseos por Barcelona y mostrarle algo de nuestra cultura popular a J.: el diumenge, castellers!